El proyecto

Voces de la escena española (1898-1936) es un proyecto de Noviembre compañía de teatro basado en la recuperación y difusión del patrimonio teatral sonoro español registrado entre (1898-1936) que ha permanecido inexplicablemente oculto hasta hoy.


El comienzo

Eduardo Vasco, a finales de los años 90, mientras buscaba primeras ediciones de «jazz manouche», encontró varios discos de pizarra de recitados que desconocía y, movido por su curiosidad, comenzó a investigar. Se dio cuenta de que las grabaciones de fragmentos del repertorio teatral que se hicieron en España antes de 1936 (en discos de 78rpm. y cilindros de fonógrafo) y que fueron registradas por muchos de los grandes actores del primer tercio del siglo XX habían sido ignoradas por la crítica y la profesión, olvidadas por el público y, lo que era más preocupante, perdidas o lamentablemente diseminadas sin orden ni apenas existencias en bibliotecas o archivos.


Un olvido inexplicable

¿Por qué aquellas grabaciones teatrales no habían sido jamás difundidas ni estudiadas adecuadamente? Desde el punto de vista de un profesional, aquello resultaba todavía más incomprensible, ya que tras décadas de debates, por ejemplo, sobre la manera de decir o la forma de interpretar el verso en el teatro, tanto en el ámbito profesional como en el académico, y tras escuchar cientos de elucubraciones sobre la tradición perdida o las maneras declamatorias de los grandes actores del pasado, resultaba llamativo que los documentos sonoros que ahora conforman este proyecto no hubieran ocupado el importante lugar que les correspondía: sentando las bases de cualquier discusión seria sobre la evolución de la palabra en los escenarios de nuestro país.

¿Grabaciones comerciales?

Efectivamente. No hablamos de iniciativas estatales o institucionales; estas grabaciones tenían un propósito comercial y estaban destinadas para la venta al público. Las grandes casas discográficas que las promovieron (Odeón, Discos del gramófono, La voz de su amo, Pathè, Regal, etc.) al desaparecer o diluirse en grandes empresas multinacionales, y al cambiar el formato al vinilo, descatalogaron estas grabaciones, que se perdieron o quedaron arrinconadas en sus archivos; como gotas de agua en un mar de referencias fundamentalmente musicales.


Algo de contexto

Con la invención del fonógrafo, a finales del siglo XIX, los gabinetes que impresionaban y vendían cilindros de cera para fonógrafo y las primeras discográficas entendieron enseguida que sus clientes no solo tenían interés en escuchar música, sino que también deseaban disfrutar, en la comodidad de sus hogares, de las voces de sus actores predilectos declamando las mejores obras del repertorio.

Hay que comprender que, para el aficionado, la experiencia constituía un pequeño milagro: con solo introducir el cilindro en el mandril o colocar el disco en el plato, dar cuerda con la manivela al mecanismo de relojería interior y posar la aguja sobre los surcos que hacían vibrar el diafragma… como por arte de magia, la bocina amplificaba unas voces que, poco antes, solo se podían escuchar en los teatros y ahora deleitaban sus oídos, plenas de intensidad, en su propio salón.


El género del recitado

Por eso, poco tiempo después de aparecer las primeras grabaciones teatrales en cilindros, los recitados no solo se consolidaron como un apartado más incluido en los catálogos de aquellos gabinetes, sino que su oferta aumentó considerablemente tras la llegada del disco a 78rpm, que se vendió con gran éxito hasta más allá de mediados del pasado siglo.

Los títulos que impresionaron aquellos histriones fueron de estilos tan diversos como los que las propias carteleras de su tiempo ofrecían, y todo ese legado, compuesto por cientos de valiosas grabaciones que habían sido prácticamente olvidadas, conforman el patrimonio que, desde este pequeño espacio, tratamos cuidar y sacar a la luz.

Un patrimonio descuidado

Como en aquellos años no había manera de acceder a ningún archivo público para escuchar y estudiar aquel material, parecía claro que solo había un camino posible, contactar con los únicos que tenían un conocimiento real de la materia: los coleccionistas.

Porque únicamente ellos (amantes de la música en formatos vetustos) habían hecho acopio de aquel corpus de registros y de los documentos que podrían dar algún contexto a todo ese ámbito sonoro temprano, salvando, así, muchas joyas que, de otra manera, se hubieran perdido para siempre. Y al tratarse de grabaciones no musicales, el intercambio y la adquisición de fondos fue algo sencillo que, además, generó por el camino amistades más que interesantes.


Coleccionar para estudiar

Y así Eduardo Vasco comenzó a coleccionar aquellos registros sonoros y a documentarlos, reuniendo material documental de la época, y como fruto de esa investigación presentó su tesis doctoral sobre la materia en la Universidad Complutense de Madrid con el título: Para una historia de la voz escénica en España y que presentó en las XXXIV Jornadas del Siglo de Oro de Almería en mayo del 2017.

Después escribió y publicó en la Editorial Fundamentos dos biografías sobre los intérpretes más destacados de aquellos registros: Ricardo Calvo y Francisco Morano, presentando ambos libros en el Teatro de la Comedia de Madrid donde reprodujo para los asistentes algunas de las grabaciones de los protagonistas; fueron las primeras experiencias que le llevaron a preparar unas sesiones/conferencias para teatros sobre las grabaciones que nos ocupan.


El proyecto arranca

Y así comenzó Voces de la escena española (1898-1936), un proyecto que se compone de esta web en la que estás donde encontrarás una primera temporada de podcast de 10 episodios (más uno extra final de temporada) y las presentaciones en directo/Streaming que se han realizado hasta la fecha, y que pretende ser un punto de arranque para lograr que todo este patrimonio de la ciudadanía, de la profesión teatral, sea, por fin, accesible y pueda formar parte de nuestra historia.

Y ese es el objetivo final del proyecto: cuidar estas grabaciones y difundirlas para honrar a sus protagonistas y, de paso, rendir tributo a las gentes de teatro de todos los tiempos. 

Un proyecto que no hubiera sido posible sin la ayuda recibida por parte del INAEM y los fondos Next Generation de la Unión Europea.